Estilo de vida
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No necesitas tanto como piensas

minimalismo

“Virtud y sabor son casi lo mismo, porque la virtud es poco más que un gusto activo y el más delicado afecto de cada uno se combina en el amor verdadero. ¿Cómo es posible entonces que busquemos amor en las grandes ciudades, donde el egoísmo, la disipación y la insinceridad ocupan el lugar de la ternura, la sencillez y la verdad?” – Ann Radcliffe.

Que me encanta el tema del minimalismo es un secreto a voces.

Que sus beneficios para la vida son positivos y muy prácticos también.

Que puedes deshacerte de cosas que no utilizas pero ocupan espacio porque sí, más de lo mismo.

Cuando oigo que alguien está de mudanza o tiene que trasladar sus cosas a otro lado, siempre sale el tema de contratar agencias especializadas con enormes camiones para ello.

¿Tantas cosas necesitas para vivir?

¿Tanto necesitas para tener que contratar a empresas que se dedican a mover tus cosas de sitio?

Yo aquí veo un problema, no sé tú.

Es como que tendemos a llenar todo hueco vacío de la casa con cosas verdaderamente innecesarias.

Entiendo que te pueda gustar el coleccionismo, yo mismo guardo objetos que me transmiten emociones o recuerdos preciosos.

Pero de ahí a llenar cada rincón hay un gran paso.

Además, cuanto más tengas más tendrás que limpiar, más tendrás que ordenar.

Imagínate todo el tiempo que ganarías si no tuvieses que organizar tanto.

Las cosas materiales no van a ser la solución a tus problemas, a tus lloros y a tus frustraciones.

Las cosas materiales no te van a proporcionar la felicidad que tanto buscas, que tanto anhelas.

Compras, compras y más compras

Los caprichos, esos momentos en los que gastas más de lo que tenías pensado.

La “necesidad” o el deseo se apoderan de ti, y tu billetera lo acaba pagando.

Sobre todo cuando estás entre que sí y que no, pero como ya lo has cogido pues adelante.

Rebajas, día de aquello, día de lo otro, Navidad…

Quizá la culpa no sea tuya del todo.

Quizá esta sociedad te haya enseñado a gastar y gastar, a engañarte, a ser lo más capitalista posible.

Vivimos en un mundo dominado por las empresas y las grandes corporaciones.

Y no, no es una película de ciencia ficción, eso es así.

Desde aquí te animo a que empieces a comprar de manera consciente.

A conocer el porqué, a entender qué te puede aportar realmente.

No hace falta ser estricto, yo no lo soy y no es el mensaje que pretendo transmitir.

Pero si que aprendas a gastar tu dinero para que no vivas apegado a él, que es el problema de mucha gente.

Es a partir del dinero de donde nacen la mayoría de problemas, el enorme apego que existe hacia esta herramienta no te permite vivir el momento presente, nada más que te hace imaginar el futuro.

Un futuro que no está suficientemente claro, y cuando pasa lo contrario es cuando nos echamos las manos a la cabeza.

Recuerda que lo que te gastas en un iPhone lo podrías haber utilizado para viajar y explorar el mundo.

Recuerda que lo que te gastas en una camiseta de marca lo podrías haber gastado en cine, teatro o libros.

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La perspectiva de la felicidad

Nos preocupamos más por lo que no tenemos que en lo que ya tenemos.

Y con eso lo único que se consigue es que generemos una falsa perspectiva sobre la felicidad.

Creemos que cuando ya tengamos aquello que tanto deseamos, seremos inmensamente felices.

Pero la felicidad no se relaciona con lo material.

Tal vez con la satisfacción personal, la calidad de vida o el bienestar en general.

Pero como ya digo, solo tal vez.

Cuando centramos nuestro foco en lo que tienen otros, estamos perdiendo la capacidad de vivir en presente, y por tanto, de ser felices.

Descuidamos lo que ya se encuentra en nuestras vidas, lo tenemos delante de nuestras narices y no hacemos caso.

Dejamos pasar oportunidades únicas por el simple hecho de querer otra cosa.

¿Más libertad?

Cuando nos sentimos seguros no somos libres.

Cuando somos libres no nos sentimos seguros.

Ser libres significa no estar atados a prácticamente nada.

No estar atados a ningún trabajo presidido por un jefe con traje y corbata que nos hace la vida imposible.

No estar atados a ningún banco, ningún préstamo o deuda a largo plazo.

No estar atados a ninguna persona, a ningún objeto, a ninguna obligación tediosa.

En definitiva, menos es más.

Menos objetos, más tranquilidad.

Menos deudas, más positividad.

Menos relaciones tóxicas, más paz.

Siempre es bueno recordar que nacemos libres, pero desde el momento en que ponemos un pie en la sociedad actual nos llenamos de cadenas.

Cadenas que perfectamente podemos romper.

El problema es que vivimos con una serie de creencias que nos impiden ver la auténtica realidad.

No es nuestra culpa, ni mucho menos.

No necesitas tanto como piensas, ¿cierto?

Piensas que necesitas todo lo que te han dicho que debes tener.

Una hipoteca, un coche a plazos, una familia, un trabajo que todos hacen…

No necesitas tanto como piensas.

No necesitas lujos o dinero por un tubo.

Te han creado esa necesidad, lo difícil es deshacerse de ella.

Mucha gente se echa las manos a la cabeza cuando les dices de vivir como alquilados, de ir al trabajo en bicicleta, de no comprarse un vestido cada vez que tienen una boda, de ir a mirar tiendas porque sí, etcétera.

Y todo porque nos parece lo más normal del mundo, hacer lo que todos hacen.

Vivimos en una burbuja de difícil acceso, que no se puede romper fácilmente.

Estamos muy cómodos ahí dentro, y no necesitamos cambiar nada de lo que ya sabemos.

El primer paso es ese, desaprender.

Deshacer.

Desmentir.

Pero parece que no hay interés, que cuanto más se tenga mejor vida llevaremos, que cuantos más estudios y mejor trabajo, más populares, mejor estatus social.

Nos estamos volviendo muy hipócritas, muy envidiosos, muy superficiales.

Ojalá que todo esto cambie pronto, que el amor no se vista de seda, que la sencillez no brille por su ausencia, que lo simple llegue a nuestros corazones.

Brindemos por una revolución en nuestras vidas.

Brindemos por las transformaciones y los cambios imprecisos.

Porque en la imperfección se encuentra una belleza indescriptible.

Tan solo hay que observarla, disfrutarla.

Viva el minimalismo, joder.

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