Estilo de vida
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No me llames feminista, llámame educado

hombres feministas

“El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban” – Kate Millet.

No sé, pero defender la igualdad de género no es ser feminista.

Es ser racional.

Es ser persona.

Es entender que el mundo no está dividido en hombres y mujeres.

El mundo es el que es.

Nosotros convivimos aquí, juntos.

Da igual hombre o mujer.

Estamos juntos en esto.

La vida sigue seas del género que seas.

La vida continúa y no le importa de qué sexo eres.

Y si me quieres llamar feminista por entender que vivimos en una sociedad donde la figura del hombre es como adorar a un Dios, pues oye, llámame feminista.

Aunque prefiero hablar con propiedad y decir que no soy feminista, soy educado.

Pienso por mí mismo y no me dejo influenciar demasiado por las opiniones ajenas.

He comprendido que los hombres no están por encima de las mujeres.

Que somos iguales en todos los aspectos, no me vale eso de que nos diferenciamos por el físico o la inteligencia.

No lo compro.

Somos personas y cada uno es como es, con valores y atributos que hemos engrandecido o empequeñecido nosotros mismos.

Conozco a chicas más fuertes que yo en todos los aspectos.

Y ni siquiera me avergüenzo o me echo las manos a la cabeza.

Es algo que me parece totalmente normal.

Es una persona con sus virtudes y sus “defectos”.

Como yo.

Como tú.

-Es que es el sexo débil, es que no puede hacer el trabajo de un hombre, es que… -dijo aquel hombre de las cavernas.

Es que nada.

¿O acaso tú eres un superhéroe?

Esos  son los tipos de mensajes que limitan a la mujer.

Que la hacen pensar que no puede ser bombero, policía o presidir un país.

Porque eso no pueden hacerlo las mujeres, es cosa de hombres.

Y que maldita rabia me da escuchar esa frase.

Porque yo tengo madre, tengo hermana, tengo primas, tías, amigas, abuelas, una pareja.

Y sentir que ellas tienen que estar aguantando chorradas de este tipo casi a diario me pone de mala leche.

Pensar que tienen que volver a casa con miedo.

O que las miradas de algunos penetran en su orgullo tan fuerte que duele.

Palabras en forma de gritos que hacen coger el teléfono móvil y llamar a una persona para minimizar el miedo, para sentir esa seguridad que no debería ser necesaria.

-¡Qué exagerado eres! -dijo otro hombre que pasaba por allí, en la misma caverna.

Ya, exagerado.

Qué pena que no te pase a ti.

Aunque en realidad te habrá pasado.

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Cuando te han perseguido para robarte o reírse de ti.

Cuando se han burlado en el colegio o te han humillado en la calle.

Mismo sentimiento, o al menos parecido.

Lo llaman dolor, ¿sabes?

Así que no digas que es exagerado.

Di que es cierto.

Porque tú lo habrás vivido.

O lo vivirás.

Y no importa el género.

Importa que te has encontrado en una situación difícil, una situación en la que no te has sentido protegido.

Y no lo cuentas.

Te da vergüenza admitir que, como hombre, no has hecho nada.

Y ese es tu problema.

Que antepones tu género a casi todo lo que haces.

Entonces te callas.

No lo cuentas.

Como ellas.

¿Entiendes?

Dime que sí, aunque sea solo un poquito.

“La prolongada esclavitud de las mujeres es la página más negra de la historia de la humanidad” – Elisabeth Cady Stanton.

Me conformo con que te pongas en su lugar.

Que pienses en tu familia.

Que pienses en ti.

Que esto va más allá del feminismo.

Que ese movimiento era necesario para hacer despertar a algunos.

Que no se trata de ser feminista, se trata de ser educado.

De tener empatía, de dejar las bromas de los bares a un lado.

Porque todo empieza con palabras para terminar con acciones.

Todo empieza con frases como “debes volver pronto a casa”, “ese vestido es muy corto” o “debes ponerte guapa”.

Cosas insignificantes que luego se hacen una gran bola.

Yo no me considero feminista, no me gustan demasiado los ideales o las creencias firmes.

Pero considero que es un movimiento auténtico y honesto.

Un movimiento que asusta a muchos, y quizás eso sea bueno.

Yo me considero una persona libre, y como tal, sé que todos somos libres, que deberíamos serlo.

Intento no juzgar a otras personas porque sería juzgarme a mí mismo.

Tal vez deberíamos ser todos más feministas.

Tal vez no.

Pero que la educación no nos la quite nadie.

La razón y el sentido común, tampoco.

Y que lo que a unos les parece blanco, a otros gris.

Y no habría que pensar nada malo sobre esa persona.

Seamos libres y confiemos más en el amor.

El odio se aprende, al igual que el machismo.

Sé educado.

4 Comments

  1. Indudablemente. Defender los derechos de las mujeres no convierte a nadie en feminista.
    Es necesario corregir muchas cosas en el comportamiento de los hombres para que ese sentimiento que describes de miedo e inferioridad desaparezca.Se llama RESPETO
    Pero para ello, a quién hay que cambiar en primer lugar es las cientos de miles de mujeres machistas que existen y que contribuyen a sembrar está semilla inculcándosela, consciente o inconscientemente a sus hijos en casa desde la más tierna infancia.
    Es un lucha larga, y es un cambio lento..como todos los grandes cambios. Pero se va avanzando y el cambio está sucediendo. Gracias a hombres como tú que desde “dentro” del clan enemigo ( entiéndase como inocente analogía) ayuda a debilitar ese pensamiento arraigado y dañino, no solo en un género, sino en toda una cultura. Y gracias a esas mujeres luchadoras que prefieren morir de pie, que vivir arrodilladas.

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