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Nunca es tarde para comenzar de nuevo

nunca es tarde para empezar

“Lo que la oruga llama el fin, el resto del mundo le llama mariposa” – Lao- Tse.

Por desgracia o por fortuna, existen las segundas oportunidades.

Existe la posibilidad de volver a empezar, de volver a nacer, de volver a encender la llama.

Y nos lo tomamos como algo malo, como que hemos fracasado o no hemos hecho lo que teníamos que hacer.

Para nada.

Puede ser tu oportunidad, esa que estabas esperando sin ni siquiera saberlo.

Igual que el ave fénix que renace de sus cenizas, o la ola de mar que acaba de nuevo en la orilla.

Igual que sacar de nuevo punta a un lápiz, o las estaciones del año.

Todo esto tiene algo en común: nunca es tarde para comenzar de nuevo.

Y lo gracioso es que jamás hemos comenzado o terminado algo, porque siempre estamos en continuo cambio.

No paramos de fluir con lo externo, mucho menos con lo interno.

Nos hemos acostumbrado a pensar en términos de tiempo (he empezado esto, he acabado aquello…) pero todo el tiempo hay cambios, o lo que es lo mismo, el mundo no espera a que empieces o termines algo en concreto.

Somos eternidad, infinitos en nuestro proceso sin comienzos ni finales.

Tú transcurres con la vida, la vida no gira en torno a ti.

No te pregunta qué tal estás o si necesitas ayuda.

Te dejas llevar, te refugias en lo sencillo, eres tú mismo.

Tal vez eso sea vivir, no forzar, no complicarse, sentir cada pisada que das.

Darse cuenta de esto puede ser la huella que te guíe, el paso que te ayude a salir de un problema creado por ti mismo.

¿Sabes que la vida no tiene un final?

Y si lo tiene, ¿a qué esperas para comenzar de nuevo, para seguir avanzando?

Porque ya puestos a pensar en un final, que mejor que ponerse manos a la obra desde hoy mismo, en este precioso instante que es el ahora, lo más bello y real que tienes de forma segura.

Y hay que creer, hay que creer que puede pasar.

Las excusas sirven a las personas que han tirado la toalla ya, que han sacado la bandera blanca y se han rendido sin más.

He visto como personas con edad avanzada han empezado a disfrutar de sus sueños, a vivir de manera sencilla y honesta.

Personas que no dejaron de creer, que no dejaron que nada ni nadie les limitase.

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Ni siquiera ellos mismos, que sería lo fácil.

Autoconvencerse de que no es posible, de que es una broma pesada que el destino tenía reservada.

Y tendrás que aceptar, tendrás que dejar ir aquello que ya no significa nada.

Eso es lo más difícil, porque lo que viene después, si lo sientes de verdad, si te salpica y te remueve intensamente por dentro… irá solo.

Piénsalo, un paso cada día.

No importa la distancia, importa llegar, importa no dejar de remar.

Respirar y seguir, pensar que ya tienes la mitad hecho, que cuando te atreves y eres valiente has avanzado ya un cincuenta por ciento.

Y si tienes miedo, no te preocupes, tendrás que invitarle a pasar.

Tendrás que conocerlo, invitarle a una cerveza fría y despedirle en la esquina del bar.

Cuando lo hagas te darás cuenta de que la mayoría de nuestros problemas surgen en la imaginación.

“Dentro de veinte años a partir de ahora te arrepentirás de las cosas que no hiciste, así que suelta las amarras y navega fuera de tu zona de confort, busca el viento en tus velas. Explora, Sueña, Descubre” – Mark Twain.

Que el miedo es, posiblemente, tu mejor amigo, porque lo que te ofrece después es maravilloso y genial.

Al otro lado del miedo se encuentra la felicidad.

¿Cómo crees que se siente un pirata que viaja a una isla perdida, llena de peligros y encuentra el mayor tesoro que el hombre haya obtenido?

¿Cómo crees que se siente el astronauta que ha viajado solo por el espacio y pisa por primera vez la Luna?

Quizá te puedas dar ese pequeño capricho que es sentir algo similar, algo que te haga vibrar, que te haga estremecerte de ilusión y optimismo.

Que te haga sentir que lo sueños no aparecen solo en la comodidad de una cama.

Solo perdemos cuando decidimos que hemos fracasado, cuando no nos damos esa oportunidad de volverlo a intentar.

Que suerte tenemos de poder hacer lo contrario, y que mal tener que obviarlo.

Sentimos los fracasos como algo punzante, que pincha, que duele.

Y cuando fracasas es porque lo has intentado, porque te has puesto en marcha, porque has logrado ver más allá.

No hay razón para parar, o tal vez sí.

Pero asegúrate de que sea una muy, muy, muy, muy, pero que muy buena razón.

Es imposible volver atrás y cambiar las cosas pero es posible mirar el presente y empezar a transformarlas.

El mejor maestro que tendrás se llama Sr. Errores.

Su hermano, creo recordar, el Sr. Sabiduría.

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