Bienestar
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Mereces que te quieran y te respeten

quieran bien

“El amor verdadero es inagotable, cuanto más das más tienes” – Antoine de Saint-Exupery.

¿Crees en el amor verdadero?

Yo sí.

Pero no en ese “amor verdadero” que te regala flores, te invita al cine o te promete la Luna cada noche.

No digo que niegue esas acciones, digo que hemos idealizado en exceso algo tan bello como es el amor.

Y por supuesto, me refiero a las relaciones de pareja.

Relaciones que se ven truncadas por el simple hecho de estar buscando constantemente el amor verdadero con el que tanto nos bombardean.

Porque eso no se busca, acaba apareciendo.

Sabrás que es amor verdadero cuando éste no te limita, no busca la aprobación constante, no interfiere de manera negativa en tu día a día.

Lo sabrás, insisto, cuando te despiertes por la mañana y seas capaz de sonreír al ver a esa persona dormir.

Cuando puedas sentir que el cielo está de tu lado, que tu respiración es tan libre como las ganas que tengas de vivir.

Bendita libertad.

Libertad de ser.

De simplemente ser…

De coger una noche, abrir una botella de vino y hablar hasta la madrugada entre risas, besos y varias cosquillas.

De observarse y entender que ninguno de los dos se pertenecen, que simplemente están enamorados y se admiran.

Sin molestarse, mediante sonrisas silenciosas, dulces como la miel.

El amor verdadero nunca te limita

Es hermoso ver como alguien quiere y respeta con honestidad y autenticidad.

Sin derechos.

Derechos que hemos ido estableciendo nosotros erróneamente.

Como si en una relación hubiese ese tipo de acciones.

Y no solo en las relaciones de pareja, también afecta a la amistad y la familia.

Hablo de tener que recibir ciertos “favores” o “beneficios”.

-¡Venga anda, si somos amigos/familia!

-Eres mi novia y deberías acompañarme siempre que te lo pida.

-Yo soy el cliente y siempre tengo la razón.

-Mis hijos deben respetarme a toda costa porque soy su padre.

Y así un largo etcétera.

Roles que hemos ido adquiriendo y dando por hecho, sin cuestionar nada en absoluto.

Con el perdón de quien pueda leerme, me parece una soberana gilipollez.

La vida no viene con manual de instrucciones, mucho menos con papeles establecidos.

La vida, el amor… no se acerca a nada de eso.

Ni un poquito.

Ni una pizca.

Nada.

El amor no te limita, al contrario, te hace mucho más libre.

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Porque cuando entendemos que todos somos libres, cuando disfrutamos de todo esto sin restricciones, sin ataduras de ningún tipo, entonces la vida sabrá mucho mejor.

Disfrutarás de tus relaciones personales de manera infinita.

Real.

Ni te imaginas la fuerza que da saber que alguien no es perfecto, que sus errores son tus aciertos y viceversa, que vuestros cuerpos ya no son materia al entrar en contacto, que su voz y la tuya se expresan a la misma altura.

El amor es elección.

Siempre.

Y no quiere decir que no existe cierta preocupación.

Simplemente esa preocupación se traduce en cuidar la libertad y el espacio de ambos, juntos, comprendiendo mutuamente.

Amor y libertad

Tenemos la mala costumbre de querer estar con alguien porque es así o así.

Formamos prototipos, imágenes de que como queremos que sea nuestra pareja.

Y ese es el principio de un final.

Hay que entender que a veces no formamos parte de la ecuación.

Las decepciones surgen cuando amamos o deseamos algo que va en contra de la realidad.

Cuando no es lo que esperas.

Pero es que aquí no hay que esperar nada.

Hay que ir con todo, de frente.

Hay que dejar de ser tan egoístas.

Egoístas cuando pensamos como “debería” ser alguien y no le dejamos SER.

Egoístas cuando nos enamoramos de una fantasía, de una ilusión creada por nuestras propias ideas y lo llevamos a la práctica.

Adiós a la belleza que guarda el amor.

Adiós a nosotros mismos por no permitirnos un margen de prueba y error.

“Es casi ley, los amores eternos son los más breves” – Mario Benedetti.

¿Un consejo?

En vez de cambiar a las personas para que se parezcan más a las de los cuentos de hadas, ofrece tu apoyo y creced juntos.

Que las diferencias de opinión no matan una relación.

Las destruimos nosotros mismos con nuestros actos de indiferencia.

La respuesta está en cómo se maneja esa discusión, en cómo se escucha y se comprende al otro para seguir aprendiendo y avanzando.

Los problemas de pareja están y estarán ahí, pero no son “problemas” si nosotros no lo consideramos así.

Podemos evitarlos o podemos hacerles frente para evitar algo mucho peor.

Para crecer por dentro de manera conjunta.

Ahí está la diferencia.

Ahí está el amor verdadero.

Respeto y libertad, no hay más…

 

 

6 Comments

  1. Imagina says

    Me encantó, sobre todo en la parte de los “debería”, y de las historias creadas en nuestras mentes, que al final no suceden.

    Me gusta

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