Bienestar
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Ya no se quiere como antes

querer bien

“No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer” – Johann Wolfgang Goethe.

Cualquier tiempo pasado fue mejor.

Digamos que no falta razón, pero tampoco es para tanto.

Digamos que cualquier tiempo pasado fue distinto, ni mejor ni peor.

Digamos que en el amor, en el querer, en lo recíproco, en lo bello y sereno, cualquier tiempo pasado fue mejor.

No necesariamente, cierto, pero algo de sabiduría hay en esta reflexión.

¿O acaso miento cuando digo que el amor de hoy en día es un cúmulo de prisas y cosas superfluas?

Un cúmulo de prisas porque necesitamos que nos quieran para hoy mismo, no concebimos estar solos, no concebimos una vida sin acompañante.

Se busca desesperadamente, se encuentra malamente.

Cosas superfluas porque necesitamos recibir más que dar, necesitamos que nos quieran más que querer, necesitamos mostrarle al mundo lo felices que somos cuando tenemos pareja y lo triste que estamos si se da el caso contrario.

Ya no se quiere como antes.

Buscamos lo externo antes que lo interno, y lo de dentro es todo un universo, es todo magia con trucos que no podrías ni adivinar.

Ni de lejos sabes lo que podrás encontrar si buscas adecuadamente y te preparas para vivir una historia única, poco común en las bibliotecas de tu ciudad.

Nos complicamos la vida con personas que son demasiado complejas, y adiós a la sencillez y el placer de sentir con total libertad.

El amor sencillo, el único amor posible diría yo.

El amor raro, el amor “malote”, el amor “postureo”, el amor mensual…

Esa lista es larga pero totalmente falsa.

La sencillez de cuidar y reparar un corazón roto, la sencillez de abrazarle el alma a alguien, la sencillez de amar sin pros ni contras, la sencillez de querer bien (ni mucho ni poco), la sencillez de dejarse llevar y que todo surja tal y como debería ser.

Eso no se lleva.

Pasó de moda.

Ahora se tiene que querer mucho, rápido y con fotos de por medio.

No, ya no se quiere como antes.

Se quiere de forma diferente, y no sé qué me asusta más.

Ahora se lleva eso de que hay que sufrir por amor, cuando el amor no duele, engrandece.

Porque una cosa es construir y crecer con algo de esfuerzo, y otra tener que hacerlo difícil y morir por dentro.

Una cosa es apoyar y ser mejores cada día, y otra dejarse la propia existencia en el tintero, apartada y abandonada en cualquier callejón sucio y frío.

Podemos ser nosotros mismos, pero también es bueno no serlo a veces y seguir batiendo las alas en conjunto.

Pero no a cualquier precio, no siempre debemos ceder y ser pisoteados.

Tenemos que conocer los límites y decir basta.

Lo perfecto es un cuento mal contado, y lo que tú crees estar viendo lo mismo es un engaño.

Conoce y escucha, no te dejes influenciar por lo que estás viendo.

El amor se lleva bien con el tiempo, mal con lo inmediato.

No tengas prisa aunque el mundo te diga lo contrario.

Valora lo auténtico, lo honesto, lo real.

Te aseguro que la sencillez es una virtud que ya no se valora tanto, no tiene repercusión ni es apreciada.

Todo el mundo pretende aparentar demasiado en la primera cita, se meten bien en el papel, pero a la hora de ser sinceros, ¿qué queda de verdad?

No, ya no se quiere como antes, te lo digo con total seguridad.

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Nos da miedo encontrar dicha sinceridad, no la creemos ni la escuchamos, la cerramos la puerta sin más.

Ahora cuando todo va bien nos asustamos y decimos adiós.

Es tan bonito que no puede ser verdad, es tan sencillo que algo no funciona como debería.

Y esa es la gran mentira que usamos para huir y refugiarnos en el lado menos indicado.

Y nos vuelven a hacer daño.

Y volvemos a desconfiar.

Y nos acordamos que aquello era mejor que esto.

Y nos ponemos a patalear.

Todo por no saber que nuestro hogar estaba más cerca de lo que pensábamos.

Que no tenía patio ni piscina, pero que el calor y la comodidad que ofrecía no se encuentran en ningún otro sitio.

Que cuando algo se rompía no hacía falta llamar al vecino de enfrente porque podía arreglarse perfectamente sin ayuda de nadie.

Que las conversaciones no eran vacías, que las miradas no chocaban y se repelían, que los gestos y los silencios tenían vida propia.

Que no había estados de Whatsapp, ni selfies, ni conexiones en línea.

Solo momentos, risas y algún que otro disgusto que un buen polvo no pudiese solucionar.

Solo palabras dichas en el momento adecuado, abrazos gigantes y paseos reflexivos con algún que otro café de por medio.

Querer como antes es masticar bien la comida, no con ansia y a toda velocidad.

Querer como antes es llamar por teléfono y cuando no quede más que decir, aguantar unos segundos más para decir cualquier tontería y seguir hablando.

Querer como antes es hacerse fotos sin importar como salgan, olvidando repetirlas cincuenta veces para conseguir más likes en Instagram.

Querer como antes es ir a cualquier parque en invierno y pasar frío como idiotas porque no importa nada más.

Querer como antes no debería ser una utopía, no debería pasar de moda ni usarse a la ligera.

Que para novedades y descuentos ya tenemos los centros comerciales, pero para amar de forma plena y sencilla no hace falta correr y querer llegar a la meta antes que nadie.

¿Y si empezamos a querer como antes?

¿Y si nos olvidamos de la media naranja, del príncipe azul y las novelas de amores imposibles?

Que la broma ha durado ya lo suficiente como para acabar agotados de tanto reír.

Vamos a querernos bien, a querernos de verdad, que parece que ya no se lleva mucho.

Pongámoslo de moda otra vez, que no desaparezca y podamos disfrutar sin presión ni necesidad.

Venga, va, intentémoslo solo para ver qué sucede.

Queramos como antes.

Queramos con total sinceridad.

Simplemente, queramos.

10 Comments

  1. luisafpg says

    Total, como desearia que esto se pusiera de moda. Que dejaran a un lado lo trivial, que comenzaran a valorar lo real y amaran con toda intensisdad. Me encantó tu post

    Me gusta

  2. Me quedo con el “y con fotos de por medio” que tan bien resume tu reflexión, ya no se trata de sentir o de querer, sino de mostrar a los demás cómo sentimos y cómo queremos, no es sentimiento, sino la imaginería del sentimiento, por eso ya no existe el amor como antes y tampoco es que nos importe mucho. Todo se resume en mejor conseguir buenas imágenes del amor (para satisfacer el amor por uno mismo a base de “like” que recibo en mi foto) que una amor de verdad (ya que en ese hay que compartir con una persona). Excelente reflexión. Saludos

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