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Talla S

“Estoy satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con el conocimiento, el sentido, de la maravillosa estructura de la existencia. Con el humilde intento de comprender aunque más no sea una porción diminuta de la Razón que se manifiesta en la naturaleza” – Albert Einstein.

Hoy te vas de compras, necesitas algo de ropa (o eso crees).

El caso es que no encuentras la talla que quieres, todas son una S.

En serio -piensas- no todo el mundo usa la talla S, ¿por qué solo hay esta medida?

Quieres una M, o una L, pero te compras la talla S.

Y a partir de ahí empiezan los problemas.

Empiezan a atacarte con publicidad engañosa, con esto y aquello.

Te dicen que tu talla ideal es la S, que es la única que queda bien, que es con la que triunfarás en las fiestas o en los eventos importantes.

Pero tú no eres una talla S.

No eres una medida, no eres lo que otros quieren idealizar a toda costa.

No eres un objeto al que poder vestir.

No eres tu ropa, tu marca preferida o tus mejores zapatos.

Tú no eres una talla S.

Eres mucho más, o eres, que también me vale.

Eres lo que piensas, lo que haces y lo que respiras.

Eres algo más que un cuerpo bonito o una contraportada en esa revista de ámbito nacional.

Y podemos aplicar este desafío a muchos otros.

Por ejemplo, no eres lo que creen que eres, ni tampoco lo que comentan de ti.

No eres tus posesiones, ni tus vacaciones por la playa o las fotos que subes a Instagram.

Mucho menos eres tus estudios, tu trabajo o tu jubilación.

A saber qué eres, pero eso seguramente que no.

¿Y si sí?

¿No te da miedo saber que eres todas esas cosas, al fin y al cabo?

No sé, ve otra vez a la tienda de ropa y mira las tallas… lo mismo te llevas una grata sorpresa.

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Pero me apetece repetírtelo una vez más, no eres nada de eso, no eres una jodida talla S.

Quítatelo de la cabeza, deja de confundirte, o mejor aún, no permitas que te confundan.

No les des ese motivo, no les brindes tregua.

En el momento que crees que todo esto que llamamos vida tiene un camino recto, habrán acabado contigo.

No físicamente, ya me entiendes.

De verdad, no hay una talla única, no hay una sola forma de amar (aunque el amor sea amor aquí y en Júpiter), no hay una forma de mirar o de escuchar.

Nadie es mejor que tú, nadie está por encima de ti, nadie tiene más belleza que tú.

Nadie.

Por mucho que veas por ahí, por mucho que te intenten hundir, por mucho que quieran hacerte entender su realidad.

Tú no eres una talla S, despierta.

Eres aquel beso que se te escapó, aquella flor que arrancaste del suelo, aquella oportunidad que ahora no paras de aprovechar, aquella persona esperando en la estación, aquella canción aleatoria del Spotify, aquel polvo en la playa de Costa Risa.

Eres eso y mucho más.

O puedes no serlo, y empezar a ser.

A ser lo que quieres de verdad, a ser lo que sientes y te emociona, te apasiona.

A ser esa llama roja y cálida que habita en ti, y que no para de gritarte “¡déjame salir, déjame salir!”

“Ser tú mismo en un mundo que constantemente está intentando convertirte en alguien más es un gran logro” – Ralph Waldo Emerson.

Tú no eres tu talla S, ¿lo empiezas a ver?

Piensa qué es para ti el éxito, o lo que supone ser esclavo de la seguridad que tanto persigues.

Piensa en ti, en lo que te importa de verdad, en que el miedo al cambio es una utopía, en que hay que dejar de juzgar y criticar siempre, en que el miedo al fracaso es una ventaja.

Vive la vida que quieres vivir.

(Vive, vida y vivir; nunca estas tres palabras quedaron tan bien en una frase).

Olvídate del “debes ser” y emborráchate de las mejores/peores experiencias.

¿Lo empiezas a sentir?

¿Sí?

Pues ese cosquilleo eres tú.


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O puede echarle un vistazo a mi ebook “100 pensamientos para la transformación” 🙂

Paz.

lo que siento por ti letra

Quiero que sepas lo que siento por ti

“Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una” – Francisco de Quevedo.

Hoy me he levantado con esas ganas.

Con esas ganas de escribirme a mí, a ti, a quién sea, pero escribir.

Siempre me levanto con esas ganas, pero hoy…

Hoy escribo directamente a alguien del pasado, a alguien del presente y por qué no, a alguien del futuro.

No va dirigida a nadie en concreto, pero a todo el mundo a la vez.

A todo mi mundo, claro.

Yo, ella, tú, nosotros, vosotros…

Quiero que sepas lo que siento por ti.

Quiero que esta carta abierta signifique algo para ti.

Para mí.

Quiero que sepas que me emociona que estés a mi lado, que me honra pasar tiempo contigo.

Quiero que mis pensamientos no sean simples idas y venidas.

El mensaje que quiero compartir contigo/migo

No quiero que se te suba a la cabeza, pero me encanta como eres. Me encanta tu olor, tu forma de ser, tu ropa, tu sonrisa, tu capacidad para tomar decisiones, tu valentía, tu rebeldía, tu manera de ver las cosas, tu espíritu y tu bondad.

En realidad me encantan muchísimas más cosas pero entonces esta carta no tendría final. Tampoco tiene principio, eso lo pones tú. Yo solo pongo estas letras y varias copas de vino.

Me preocupas, ¿sabes? Me preocupo por ti porque quiero que todo sea perfecto. Aún no he encontrado la manera de borrar imperfecciones, pero dame tiempo. Y ganas. Quiero que sepas lo que siento por ti, por si aún no te ha quedado claro.

Estoy agradecido de que me digas las cosas como son. Cuando me equivoco, cuando me enfado, cuando no llevo la razón, cuando me queda más el peinado o cuando no te apetece moverte del sofá. También estoy agradecido por toda la confianza que desprendes, que me brindas, que compartes conmigo y me regalas.

Me siento orgulloso de todo lo que quieres hacer, de lo que haces y cómo lo haces. Orgulloso de conocer tus ganas de crecer, de compartir y de ser feliz. Orgulloso de tropezar juntos, de tu dedicación para que salga todo bien, de tus fracasos y de tus logros. Enteramente orgulloso de ti, por ti.

Perdona si te lo digo con poca frecuencia, ni yo mismo sé que tengo un regalo que todavía no he abierto del todo.

Pero ahí estás, intentando ver siempre el lado bueno de las cosas, levantándote cada mañana para dar tu mejor versión sin pretenderlo, poniéndote los zapatos del revés para caminar diferente a los demás. Y lo gracioso es que no te caes.

Eso me ha hecho creer en ti más de lo que imaginas. Creer en que siempre tenemos posibilidades para hacer las cosas. Que no hay una única forma de verlo. Y todo gracias a tus defectos. Defectos que se contradicen porque sacan la mejor versión de ti.

Porque todos somos defectuosos, no te creas. Defectuosos en el trabajo, defectuosos en la cocina, defectuosos pintando, defectuosos bailando, defectuosos con los demás. Y de ahí es donde sale lo mejor. Gracias a nuestros defectos conseguimos grandes cosas.

Menuda puta maravilla. A eso se le llama avanzar, evolucionar, crecer. Somos tan infinitos, tan eternos… Tan tú. Nunca dejes de soñar, te lo pido como favor. Porque si lo haces yo empezaré a cuestionarme si debo dejar de hacerlo también. Aunque me cuesta creer que abandonar es la última respuesta, la última palabra.

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Eres importante para mí. Y aunque no te lo creas, no te tomo a la ligera. Te aprecio por todo lo que me has prestado, como tu tiempo, algo muy valioso que escasea en estos tiempos.

Aprecio tu vida, tu felicidad, tus ganas de querer vivir, viajar, comer sushi, meterte conmigo, reírte de mis tonterías… ¡Hay tantas cosas que aprecio de ti! Pero eso ya lo sabes. Y por si no fuese suficiente, déjame recordarte una última cosa.

Déjame recordarte lo hermosa que eres. La personas más hermosa que me he encontrado jamás. No por tu estética, esa que tanto importa hoy en día. Eres hermosa porque no paras de crear cosas bellas a tu alrededor. En la forma que trabajas.

En la forma que te relacionas. Hasta en la forma que duermes, aunque sea con la boca abierta. Tu corazón es algo que debería conservar la humanidad para siempre. Objeto de estudio, tal vez. Es único. Y muy valioso. Por eso estoy alegre, porque puedo disfrutar de él. De la belleza que creas.

De ti.

Palabras finales

Seguramente te has acorado de alguien al leer esta carta abierta.

Compártela entonces, no dejes que se quede en un mero pensamiento.

Compártela contigo mismo, compártela con quien te dé la gana.

Son palabras que van destinadas a alguien concreto, pero a nadie a la vez.

Palabras que seguro tienen algún significado.

Palabras escritas por mí para mí.

O para ti.

O para…


Gracias por este hermoso viaje

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confia en ti

Empieza a creer en lo que haces

“Cuando sea verdaderamente el momento, y si has sido elegido, sucederá por sí solo y seguirá sucediendo hasta que mueras ó hasta que muera en ti. No hay otro camino. Y nunca lo hubo” – Charles Bukowski.

Avanzar en esta vida requiere dos cosas: valentía y perseverancia.

También de fracasar y ser unos cobardes.

Ni es tan bonito, ni es tan malo perseguir nuestros sueños.

Porque tener un objetivo te da las suficientes alas como para seguir planeando.

Y quién sabe si también para volar.

Sin sueños estamos perdidos.

Sin sueños somos seres caminando por la tierra para morir en un futuro no muy lejano.

Pero no te equivoques, cuando crees que lo estás consiguiendo te das el tortazo.

Te das de lleno en la cara y decides abandonar.

Piensas que no merece la pena sufrir para alcanzar aquello que tanto amas.

Y queridos, ¡qué equivocados están!

Pienso llevarte la contraría porque creo que rendirse es la opción fácil, no la única.

Deja de lado el enfoque, deja de lado el dinero, deja de lado la motivación.

Nada tiene sentido si tú decides que no lo tiene.

Ahora, empieza a creer en lo que haces.

Descubrirás que nada es casualidad, si causalidad.

Hay una pequeña llama dentro de ti, una que parece que se va a apagar en cualquier momento.

No dejes que se desvanezca, haz que esa llama cada vez sea más grande, empieza a notar su calor.

Toma esa llama como si te fuese la vida en ello.

Así que si vas a tirar la toalla, házmelo saber.

Házmelo saber para ir inmediatamente a recogerla y decirle al árbitro que todavía te queda un asalto más, que te quedan suficientes fuerzas como para aguantar en ese maldito ring.

Visualizar el futuro

Las ganas de que llegue el resultado final te impiden disfrutar.

Eso de visualizar tu futuro, eso de imaginarte como tú piensas… páralo ya.

No está mal saber a dónde quieres llegar, pero te olvidas del proceso.

Te olvidas de lo bonito que es trabajar tu sueño, tu objetivo, tu meta.

Mírate, lo estás consiguiendo… pero no te das cuenta porque piensas en el futuro a toda costa, y el futuro no se encuentra por ningún lado.

Ese futuro no llega, te frustras y lo mandas todo a la mierda.

Adiós sueño.

Adiós vida.

Adiós libertad.

Decisiones

Las putas decisiones que no tomas.

Las putas decisiones que crees que vas a tomar, pero no tomas.

Las que ni siquiera están en tu mente todavía.

Todas ellas te retrasan, te restan.

O te ayudan a crecer, a sumar.

¿Sabes cuál es la diferencia?

Que las tomes o no.

Porque da igual si una decisión es buena o mala, mientras seas capaz de tomarla.

Es lo más difícil del mundo, lo sé.

Te lo dice una persona que en ocasiones peca de indecisión.

Pero cuando la tomo, cuando me dejo llevar, cuando no mido tanto las hipotéticas consecuencias, empieza la magia.

Y la hostia me la puedo llevar, pero nunca me arrepentiré de no haber tomado esa decisión.

¿Qué es lo peor que te puede pasar?

Tío, estás vivo.

Respira.

No te agobies.

Lo peor que te puede pasar es morir, y no estoy muy seguro de que eso sea totalmente malo.

Quizá lo peor que te pueda pasar sea morir sin haberlo intentado.

Sin haber hecho lo que estabas dispuesto hacer.

O lo que más anhelabas.

Así que puede que no haya nada peor que eso.

Nada.

Déjate de “van a pensar esto de mí”, “voy a perder todo mi dinero” o “nadie me va a apoyar en esto”.

Damos demasiadas vueltas a cosas que posiblemente solo estén flotando en nuestra cabeza, desviándose del rumbo acertado.

Ideas que naufragan, que se pierden por la deriva…

Sigue adelante.

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Renuncia a tu objetivo de una vez por todas

Alto, alto, alto.

¿Qué?

Ahora te vengo con que lo mismo debes renunciar a tu objetivo.

Lo mismo tu vida es mejor si te centras en otras cosas.

Te explico.

El rollo de seguir tu pasión está muy bien, pero tampoco nos subamos al carrito del todo es posible.

A veces deseamos cosas irreales, cosas que seguramente (y es cien por cien seguro) no se vayan a cumplir.

A veces renunciar es bueno.

A veces renunciar te permite abrir otras puertas.

A veces renunciar hace que encuentres tu verdadero propósito, y no lo que creías.

Solo a veces, pero sucede.

Pero no lo utilices como justificación para engañarte a ti mismo y poder dejar de intentarlo así.

Es donde nos gusta refugiarnos, y tenemos que pensar en ello cuidadosamente.

¿Crees en lo que haces?

Empújate.

Confía en ti.

Tú tienes la llave, siempre la has tenido.

Eres tu mejor amigo, tu mejor relación.

Las opiniones ajenas pueden servir, pero como no empieces a creer en lo que haces, todo eso da igual.

No abandones por miedo.

Es lo más difícil, mirarlo de frente.

Y vencer.

O perder.

Y es eso último lo que el miedo pretende hacer contigo.

Pretende hacerte ver que vas a perder, que tienes que abandonar o será mucho peor.

Pero como creas en lo que estás haciendo, ya puede venir el miedo que tú serás totalmente inmune.

Contarás con un escudo de esos de ciencia ficción que te protegen de cualquier cosa, como un coche en llamas o un meteorito a toda potencia.

Y sí, hasta yo tengo miedo.

Miedo de fallar en lo que hago.

Miedo de que no salgan las cosas como espero.

Pero luego me doy cuenta de todo lo que estoy haciendo, de todo lo que estoy consiguiendo y se me pasa.

A veces es realmente duro.

A veces te dan ganas de llorar las 24 horas que tiene el día.

Pero otras veces es maravilloso.

Indescriptible.

Hay que sentirlo.

Hay que vivirlo.

Y sobre todo eso.

VIVIR(lo).

 

Go for it.

hygge

El secreto danés de la felicidad

“La felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía” – Mahatma Gandhi.

Resulta que cuando no estás en tu mejor momento, a veces la vida te regala nuevas ideas para entender que no falla lo que está a tu alrededor, sino tú.

Comprender que estás creando un problema, que estás haciendo difícil lo que aparentemente resulta fácil, es algo que tiendes a obviar.

Y todo resulta mucho más sencillo, más coherente y tranquilo.

O así lo piensa la corriente filosófica hygge, la tendencia de bienestar que proviene de la nación más feliz del mundo: Dinamarca.

Se pronuncia ‘hu-ga’ y es un concepto danés que explica cómo vivir sin complicaciones descubriendo así la alegría de dejar ir.

Quererte, y quererte muy bien, es algo que te puede ayudar este concepto que forma una parte muy importante de la vida danesa, donde normalmente suelen ser los primeros en las encuestas de los países más felices del mundo.

Y eso que pagan de los impuestos más altos y el clima es horroroso…

Abrazar la sencillez

Tan fácil como abrazar momentos que no son del otro mundo.

Tan fácil como disfrutar de una buena cerveza, de olvidar las redes sociales durante el fin de semana o pasar tiempo con amigos y familiares.

Placeres pequeños y sencillos que resultan ser lo más grande, lo más auténtico y honesto, pero que dejas pasar…

Porque no aprecias lo suficiente estos momentos.

Momentos en los que te preparas una taza de café delante de una chimenea, momentos en los que andas descalzo por la playa viendo la puesta de sol, momentos en los que comes helados con amigos, saboreas un vaso de vino o construyes castillos de arena con los más pequeños.

Cosas simples que dejas de lado por hacer algo más vacío sin que te des cuenta.

Cosas que dejas escapar y tienes delante de tus narices.

Cosas.

Hygge es la ausencia de algo molesto o emocionalmente abrumador

Pasar tiempo con la familia, con los amigos o con quien nos haga sentir bien es algo que la filosofía hygge muestra sin cesar.

Así como centrarnos en lo que estamos haciendo en el momento presente.

En vez de estar con el teléfono móvil en medio de una conversación, sumérgete de lleno en dicha acción, es decir, presta atención a la persona que te está hablando.

No es tan difícil, ¿verdad?

Hacer muchas cosas a la vez puede llegar a ser tedioso y muy agotador.

Hygge también es aceptar la inactividad: estar sentado en el sofá comiendo palomitas mientras ves tu serie favorita, por ejemplo.

Apreciar esas situaciones también es bueno, no hay que sentirse mal por no estar “haciendo” nada.

Y es que vivimos demasiado agitados, siempre queriendo hacer cosas en todo momento.

No nos tomamos ni un respiro, no aprendemos y disfrutamos de esas circunstancias llenas de silencio, de paz, de tranquilidad.

Te invito a que cojas aire y busques ese tiempo de calma.

Mira a tu alrededor y date cuenta de lo que la vida tiene que ofrecer.

Da igual el espacio, el lugar.

Estás tú mirando de frente a la vida.

Mirándola a los ojos…

Ámate.

Maravíllate.

Sé amable contigo mismo.

Deja ir lo molesto, lo que no te hace bien.

No exijas nada que no puedas darte en realidad.

Pero tampoco renuncies a nada por lo que merezca la pena luchar.

Que no sea duro, pero tampoco demasiado fácil.

En eso consiste el espíritu hygge.

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¿Cómo vivir al estilo danés?

1. Celebrar lo simple

Ya te comenté antes que es bien fácil seguir la filosofía hygge.

Simplemente disfruta de una cena agradable, de una pizza con tus amigos, mira las olas del mar, observa las nubes y date cuenta de qué tienen forma…

2. Aceptar los días lluviosos

Los daneses aceptan cualquier día, sea como sea.

¿Qué llueve? Pues a leer un buen libro debajo de una manta bien calentita.

¿Qué hace frío por las noches? Pues invita amigos a casa y echad unas partidas la consola.

3. Ama a tu familia

Y por familia me refiero a la gente que te hace brillar más de lo que crees.

Pasar tiempo con amigos y familiares es una buena opción para nuestro bienestar.

Hygge se trata de ser buenos con nosotros mismos

Aprender a saber quiénes somos en todo momento.

Aprender a respetarnos tal y como somos en este instante.

A ser buenos con nosotros mismos, a no negarnos o castigarnos.

La teoría hygge nos enseña a buscar momentos únicos en las pequeñas cosas que nos rodean.

Tan solo hay que pararse en seco y pensar en todas estas cosas minúsculas en las que no nos enfocamos.

Tal vez esto nos brinde un poco de paz, de amor, de felicidad.

Tal vez esto consiga que nos sintamos bien, que empecemos a apreciar más y despreciar menos.

A agradecer y sonreír, a perdonar, a ser humildes y bondadosos.

Porque todo lo demás solo genera crítica, juicios y odio.

Todo lo demás solo nos hace competir y querer más, y más, y más…

Las pequeñas cosas no son vestidos de mil euros o coches que se aparcan solos.

Las pequeñas cosas incluyen regalar nuestro tiempo a aquellos a los que amamos, a los que nos hacen sentir bien.

Pequeñas cosas…

Quizá y solo quizá, eso sea vivir al puro estilo hygge.

Libros sobre el tema

ama lo que eres

Ama lo que eres, abraza quien eres

“Atreverse a establecer límites se trata de tener el valor de amarnos a nosotros mismos, incluso cuando corremos el riesgo de decepcionar a otros” – Brené Brown.

Tememos ser rechazados por ser diferentes.

Y qué gran putada.

Tener que obviar nuestros sentimientos o nuestra forma de ser por aparentar algo que no encaja con nosotros.

Quizá seas nuevo en la ciudad y quieras hacer algún amigo.

Pasan los días y no has conseguido conectar con nadie, pero llega un grupo de personas que te invitan a tomar cerveza y a salir de fiesta.

Todo correcto hasta que te das cuenta de que les interesas por algo en concreto.

Tu dinero, tal vez.

Tu coche, tal vez.

El caso es que no te queda otra que sonreír y asentir, intentar encajar, intentar no cagarla esta vez.

Y no te das cuenta de ello realmente hasta que necesitas a esas personas en momentos difíciles, y no están.

Ni estarán.

Porque no son auténticos contigo, no son honestos, no son nada.

Y te acostumbras a tener cuidado con la gente, a no destacar demasiado para que no te miren raro, a hacer lo que sea necesario con tal de encajar con el resto de personas.

Te conviertes en un buscador.

¿De qué?

De la aprobación.

Buscas constantemente el valor de su aprobación, de gustar a toda costa sin importar nada más que eso.

Intentas ir a contracorriente con la vida, gastas demasiada energía en complacer a otros y ni siquiera estás dedicando tiempo a ti mismo.

Con tal de evitar enfados o conflictos, guardas para ti emociones que deberían estar ahí fuera, luchando contra todo pronóstico.

¿Sabes?

No es malo endulzar la vida con tu presencia.

No es malo callar en momentos donde las palabras no juegan el papel principal de la historia.

Lo que es malo es que te tomen el pelo.

Que abusen de tu confianza, de tu paz, de tu tranquilidad.

Esa es tu zona de confort.

Esa donde tu voz es suave y no compite contra los gritos.

Esa donde la vida parece ser armoniosa y brillante.

Esa donde no hay tormentas que inunden la vida de los demás.

Una zona de confort emocional en la que no participas, en la que no juegas, en la que no te atreves y no eres valiente.

O tal vez sí, eres lo más valiente que ha parido este jodido mundo.

¿Por qué no luchas por ti, entonces?

¿Por qué no te das una oportunidad de expresarte, de no tener miedo a lo que puedan pensar de ti?

Tienes un gran don, el de saber escuchar y hablar lo necesario.

Pero a veces es como que no estás, cuando deberías estarlo.

Y te compro algo que a mí también me define.

Te compro que intentes buscar el lado bueno de las cosas, que evites ciertos conflictos que pueden ser agotadores, que adores el silencio en un viento lleno de millones de palabras.

Coge mi dinero y listo.

Pero devuélvemelo si piensas que te estás limitando.

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Que eres muy buena persona, que mantienes (en gran medida) tu vida de forma privada, pero que estás dejando de lado tu verdadera esencia.

Esa que te dice que hagas algo pero que luego no eres capaz por miedo, por no ser agradable o correcto.

Eres una persona fantástica, no lo niego.

Pero hay personas fantásticas por el mundo que no son agradables las 24h del día.

Son personas decididas, con carácter e integridad.

Personas que viven de acuerdo a sus valores, entre ellos la amabilidad y la compasión.

Pero eso no es lo mismo que ser agradable.

Ser bondadoso o compasivo tiene ciertos valores, ciertos límites.

Intentar ser agradable con alguien que no te está haciendo bien, que solo sabe hacerte daño o mina tu moral no se merece la mejor de tus sonrisas.

Una de esas que te hacen lucir de forma extraordinaria.

¿De verdad merece eso a cambio de joderte la existencia?

Piénsalo, pero yo creo que no.

Creo que vales mucho más que eso.

Creo que debes jugar tus cartas sin ases bajo la manga, sin barajas trucadas.

Debes jugar desde la autenticidad, la honestidad y tu propia visión de vida.

Admiro a las personas fuertes, seguras, sencillas, honradas, conocedoras de sus propios límites, firmes ante su propia verdad, despreocupadas por la aprobación o validez de los demás.

Personas que están contentas porque saben quiénes son, que visten con su propia piel, que se mueven en este mundo como leones, siempre desde el respeto, la compasión y la bondad.

Personas que no están programadas para complacer, que están dispuestas a dejarse ver tal y como son en realidad.

Deja de pensar o suponer que eres ese alguien y empieza a ser alguien.

Alguien auténtico.

Alguien que confíe en el amor, que abrace lo sencillo.

Alguien que no use toda su energía en complacer a toda costa a los demás.

Vivir preocupados y pendientes de no decepcionar a alguien no es el camino.

No te permites respirar, surcar los cielos ni conectar con la vida.

Recuerda permanecer fiel a tus valores, con respeto y buena comunicación.

Ábrete a otras posibilidades, pero que no te hagan caer, que no te hagan retroceder.

Ser auténticos hoy en día es toda una historia de aventuras y fantasía.

Aprender a caminar por el sendero de la incomodidad es difícil porque trae consigo malas caras, despecho o palabras que parecen balas.

¿Ser agradables o auténticos?


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cuento de hadas

Yo sí creo en los cuentos de hadas

“Érase una vez…” – Escritor comenzando un cuento.

Que si la vida no es color de rosa.

Que si no siempre tenemos que ser positivos.

Que si el mundo no es un cuento de hadas…

Todo esto o lo has leído, o te lo he soltado yo mismo.

Y ahora te vengo con que sí creo en los cuentos de hadas.

Pero no en cualquier cuento, tal vez sea mi propio cuento.

Y no es que haya cambiado de parecer (quizá sí), es que cada día me doy cuenta de algunas cosas que parecen sacadas de un cuento de hadas.

Cada día me doy cuenta de que estoy rodeado de seres fantásticos, seres maravillosos (y no tanto), seres que se merecen cada una de las letras que hoy voy a escribir.

Que hoy vas a leer.

No, no se trata de una historia ficticia repleta de personajes pintorescos.

Ni mucho menos.

Se trata de que todos tenemos un hada que nos cuida, nos guía, nos complementa sin perder nuestra verdadera esencia, nos quiere, nos mima, nos protege.

Se trata de que todos tenemos un duende que nos toca la moral, que nos incordia, nos insulta, nos engaña, nos jode la autoestima, nos deprime.

Todo esto lo tienes tú, lo tengo yo y lo tiene el quiosquero del barrio.

Y estas hadas, estos duendes, estas brujas o estos ogros se encuentran en cada esquina, en cada parque, en cada mercado, en cada bar o restaurante.

Yo he visto hadas que han llegado y han salido de mi vida en un abrir y cerrar de ojos.

O hadas que que han decido quedarse a mi lado a pesar de todo, como la que me hace brillar ahora.

He visto duendes que se han empeñado en tirar mis sueños por el precipicio más alto.

Ogros que imponían sus propias reglas a base de fuerza bruta.

Brujas que con su magia y sus pociones conseguían engañarme.

Unicornios que la humanidad se ha empeñado en cazar, usar en tradiciones o vete tú a saber qué.

Sirenas bañándose en piscinas y playas de todos los lugares, secándose en sus cálidas toallas o la incomodidad de una roca.

Gnomos que alegran a los adultos con cada carcajada, con cada tontería, con cada primera palabra que ofrecen al nacer.

Sí, creo en los cuentos de hadas.

Y creo en ellos porque yo mismo estoy viviendo mi propia historia, con sus personajes principales y secundarios, con su fantasía, épica u horror.

Mentiría si te dijese que yo soy el apuesto príncipe que salva a la princesa.

Más bien soy el escudero novato que admira al caballero blanco, ese que no teme a nada y es valiente a rabiar.

Soy ese escudero novato que se tropieza con sus propios pasos y no para de equivocarse.

Soy ese escudero novato al que la vida le demuestra que no todo llega cuando uno quiere.

Pero esto no pretende ser una historia para contarse.

Esta es una historia tan sencilla como la tuya.

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Porque sé que tú tienes una de esas en las que no paras de derrotar demonios y brujas.

Una de esas en las que no hay final feliz, ni romances perfectos.

Lo sé, de verdad.

Sé que no quieres separarte de ese hada que no para de concederte deseos, que no para de hacer mejor tu día a día y te regala un amor infinito que todo puede.

Sé que estás cansado de ese duende que no para de molestarte en clase, en el trabajo o en casa.

Sé que cada día ves en las noticias ogros haciendo de las suyas, haciendo cosas que te repugnan u odias.

Sé que hay animales parlantes que te gustaría salvar, o te gustaría que no tocaran.

Sé tantas cosas, pero a la vez no sé nada.

Lo que tengo claro es que vivimos en un cuento de hadas.

No como leemos en los libros o vemos en las películas, pero sus historias, sus personajes… parecen cobrar vida en cierta manera.

Parece que estamos rodeados de sus personajes a todas horas.

Parece que ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos, como dice aquel refrán.

Así que permíteme que insista.

Permíteme hacerte dudar.

O no me permitas nada, qué más da.

El caso es que vivas tu propia leyenda, una que se pueda contar.

Una que pueda no ser tan épica o tan romántica, pero que pueda significar algo para ti.

Lo bonito de estas historias es vivirlas, disfrutarlas, saborearlas.

No dejes que otros te cuenten sus grandes obras.

Empieza a contarlas tú.

Empieza a contarte a ti mismo para después poder demostrar a los demás.

Pero recuerda, intenta no empezar por el final.

Tampoco hace falta que tenga un inicio, simplemente haz posible ese cuento.

Hazlo posible, con todas las letras.

No mires el número de páginas, no le pongas título ni sinopsis.

Vive tu propio cuento de hadas.

Vive hasta que no quede más historia que contar.

Yo sí creo en los cuentos de hadas… ¿y tú?

 

Escribe aquí…


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