Últimas Entradas

quieran bien

Mereces que te quieran y te respeten

“El amor verdadero es inagotable, cuanto más das más tienes” – Antoine de Saint-Exupery.

¿Crees en el amor verdadero?

Yo sí.

Pero no en ese “amor verdadero” que te regala flores, te invita al cine o te promete la Luna cada noche.

No digo que niegue esas acciones, digo que hemos idealizado en exceso algo tan bello como es el amor.

Y por supuesto, me refiero a las relaciones de pareja.

Relaciones que se ven truncadas por el simple hecho de estar buscando constantemente el amor verdadero con el que tanto nos bombardean.

Porque eso no se busca, acaba apareciendo.

Sabrás que es amor verdadero cuando éste no te limita, no busca la aprobación constante, no interfiere de manera negativa en tu día a día.

Lo sabrás, insisto, cuando te despiertes por la mañana y seas capaz de sonreír al ver a esa persona dormir.

Cuando puedas sentir que el cielo está de tu lado, que tu respiración es tan libre como las ganas que tengas de vivir.

Bendita libertad.

Libertad de ser.

De simplemente ser…

De coger una noche, abrir una botella de vino y hablar hasta la madrugada entre risas, besos y varias cosquillas.

De observarse y entender que ninguno de los dos se pertenecen, que simplemente están enamorados y se admiran.

Sin molestarse, mediante sonrisas silenciosas, dulces como la miel.

El amor verdadero nunca te limita

Es hermoso ver como alguien quiere y respeta con honestidad y autenticidad.

Sin derechos.

Derechos que hemos ido estableciendo nosotros erróneamente.

Como si en una relación hubiese ese tipo de acciones.

Y no solo en las relaciones de pareja, también afecta a la amistad y la familia.

Hablo de tener que recibir ciertos “favores” o “beneficios”.

-¡Venga anda, si somos amigos/familia!

-Eres mi novia y deberías acompañarme siempre que te lo pida.

-Yo soy el cliente y siempre tengo la razón.

-Mis hijos deben respetarme a toda costa porque soy su padre.

Y así un largo etcétera.

Roles que hemos ido adquiriendo y dando por hecho, sin cuestionar nada en absoluto.

Con el perdón de quien pueda leerme, me parece una soberana gilipollez.

La vida no viene con manual de instrucciones, mucho menos con papeles establecidos.

La vida, el amor… no se acerca a nada de eso.

Ni un poquito.

Ni una pizca.

Nada.

El amor no te limita, al contrario, te hace mucho más libre.

etienne-beauregard-riverin-419486

Porque cuando entendemos que todos somos libres, cuando disfrutamos de todo esto sin restricciones, sin ataduras de ningún tipo, entonces la vida sabrá mucho mejor.

Disfrutarás de tus relaciones personales de manera infinita.

Real.

Ni te imaginas la fuerza que da saber que alguien no es perfecto, que sus errores son tus aciertos y viceversa, que vuestros cuerpos ya no son materia al entrar en contacto, que su voz y la tuya se expresan a la misma altura.

El amor es elección.

Siempre.

Y no quiere decir que no existe cierta preocupación.

Simplemente esa preocupación se traduce en cuidar la libertad y el espacio de ambos, juntos, comprendiendo mutuamente.

Amor y libertad

Tenemos la mala costumbre de querer estar con alguien porque es así o así.

Formamos prototipos, imágenes de que como queremos que sea nuestra pareja.

Y ese es el principio de un final.

Hay que entender que a veces no formamos parte de la ecuación.

Las decepciones surgen cuando amamos o deseamos algo que va en contra de la realidad.

Cuando no es lo que esperas.

Pero es que aquí no hay que esperar nada.

Hay que ir con todo, de frente.

Hay que dejar de ser tan egoístas.

Egoístas cuando pensamos como “debería” ser alguien y no le dejamos SER.

Egoístas cuando nos enamoramos de una fantasía, de una ilusión creada por nuestras propias ideas y lo llevamos a la práctica.

Adiós a la belleza que guarda el amor.

Adiós a nosotros mismos por no permitirnos un margen de prueba y error.

“Es casi ley, los amores eternos son los más breves” – Mario Benedetti.

¿Un consejo?

En vez de cambiar a las personas para que se parezcan más a las de los cuentos de hadas, ofrece tu apoyo y creced juntos.

Que las diferencias de opinión no matan una relación.

Las destruimos nosotros mismos con nuestros actos de indiferencia.

La respuesta está en cómo se maneja esa discusión, en cómo se escucha y se comprende al otro para seguir aprendiendo y avanzando.

Los problemas de pareja están y estarán ahí, pero no son “problemas” si nosotros no lo consideramos así.

Podemos evitarlos o podemos hacerles frente para evitar algo mucho peor.

Para crecer por dentro de manera conjunta.

Ahí está la diferencia.

Ahí está el amor verdadero.

Respeto y libertad, no hay más…

 

 

nunca es tarde para empezar

Nunca es tarde para comenzar de nuevo

“Lo que la oruga llama el fin, el resto del mundo le llama mariposa” – Lao- Tse.

Por desgracia o por fortuna, existen las segundas oportunidades.

Existe la posibilidad de volver a empezar, de volver a nacer, de volver a encender la llama.

Y nos lo tomamos como algo malo, como que hemos fracasado o no hemos hecho lo que teníamos que hacer.

Para nada.

Puede ser tu oportunidad, esa que estabas esperando sin ni siquiera saberlo.

Igual que el ave fénix que renace de sus cenizas, o la ola de mar que acaba de nuevo en la orilla.

Igual que sacar de nuevo punta a un lápiz, o las estaciones del año.

Todo esto tiene algo en común: nunca es tarde para comenzar de nuevo.

Y lo gracioso es que jamás hemos comenzado o terminado algo, porque siempre estamos en continuo cambio.

No paramos de fluir con lo externo, mucho menos con lo interno.

Nos hemos acostumbrado a pensar en términos de tiempo (he empezado esto, he acabado aquello…) pero todo el tiempo hay cambios, o lo que es lo mismo, el mundo no espera a que empieces o termines algo en concreto.

Somos eternidad, infinitos en nuestro proceso sin comienzos ni finales.

Tú transcurres con la vida, la vida no gira en torno a ti.

No te pregunta qué tal estás o si necesitas ayuda.

Te dejas llevar, te refugias en lo sencillo, eres tú mismo.

Tal vez eso sea vivir, no forzar, no complicarse, sentir cada pisada que das.

Darse cuenta de esto puede ser la huella que te guíe, el paso que te ayude a salir de un problema creado por ti mismo.

¿Sabes que la vida no tiene un final?

Y si lo tiene, ¿a qué esperas para comenzar de nuevo, para seguir avanzando?

Porque ya puestos a pensar en un final, que mejor que ponerse manos a la obra desde hoy mismo, en este precioso instante que es el ahora, lo más bello y real que tienes de forma segura.

Y hay que creer, hay que creer que puede pasar.

Las excusas sirven a las personas que han tirado la toalla ya, que han sacado la bandera blanca y se han rendido sin más.

He visto como personas con edad avanzada han empezado a disfrutar de sus sueños, a vivir de manera sencilla y honesta.

Personas que no dejaron de creer, que no dejaron que nada ni nadie les limitase.

samuel-wong-408844

Ni siquiera ellos mismos, que sería lo fácil.

Autoconvencerse de que no es posible, de que es una broma pesada que el destino tenía reservada.

Y tendrás que aceptar, tendrás que dejar ir aquello que ya no significa nada.

Eso es lo más difícil, porque lo que viene después, si lo sientes de verdad, si te salpica y te remueve intensamente por dentro… irá solo.

Piénsalo, un paso cada día.

No importa la distancia, importa llegar, importa no dejar de remar.

Respirar y seguir, pensar que ya tienes la mitad hecho, que cuando te atreves y eres valiente has avanzado ya un cincuenta por ciento.

Y si tienes miedo, no te preocupes, tendrás que invitarle a pasar.

Tendrás que conocerlo, invitarle a una cerveza fría y despedirle en la esquina del bar.

Cuando lo hagas te darás cuenta de que la mayoría de nuestros problemas surgen en la imaginación.

“Dentro de veinte años a partir de ahora te arrepentirás de las cosas que no hiciste, así que suelta las amarras y navega fuera de tu zona de confort, busca el viento en tus velas. Explora, Sueña, Descubre” – Mark Twain.

Que el miedo es, posiblemente, tu mejor amigo, porque lo que te ofrece después es maravilloso y genial.

Al otro lado del miedo se encuentra la felicidad.

¿Cómo crees que se siente un pirata que viaja a una isla perdida, llena de peligros y encuentra el mayor tesoro que el hombre haya obtenido?

¿Cómo crees que se siente el astronauta que ha viajado solo por el espacio y pisa por primera vez la Luna?

Quizá te puedas dar ese pequeño capricho que es sentir algo similar, algo que te haga vibrar, que te haga estremecerte de ilusión y optimismo.

Que te haga sentir que lo sueños no aparecen solo en la comodidad de una cama.

Solo perdemos cuando decidimos que hemos fracasado, cuando no nos damos esa oportunidad de volverlo a intentar.

Que suerte tenemos de poder hacer lo contrario, y que mal tener que obviarlo.

Sentimos los fracasos como algo punzante, que pincha, que duele.

Y cuando fracasas es porque lo has intentado, porque te has puesto en marcha, porque has logrado ver más allá.

No hay razón para parar, o tal vez sí.

Pero asegúrate de que sea una muy, muy, muy, muy, pero que muy buena razón.

Es imposible volver atrás y cambiar las cosas pero es posible mirar el presente y empezar a transformarlas.

El mejor maestro que tendrás se llama Sr. Errores.

Su hermano, creo recordar, el Sr. Sabiduría.

llorar limpia el alma

Los valientes también lloramos

“¡Qué triste y qué hermoso! Le daban ganas de llorar mansamente, pero no de llorar por él, de llorar por aquellas palabras tristes y hermosas como música – James Joyce.

Aparentamos ser, o intentamos hacerlo.

No siempre sale bien, es muy complicado evitar lo que somos en realidad.

Es engañarnos durante un tiempo, un breve período de tiempo que al final se agotará sin darnos cuenta de ello.

Pero lo cierto es que los valiente también lloramos, tenemos ese don tan especial.

Llorar no es malo, no es signo de debilidad, no es algo que se deba ocultar.

Al contrario, mostremos al mundo que sabemos llorar.

Pero que lo hacemos de verdad, que lo sentimos y lo debemos expresar.

Recuerda, los valientes también lloramos.

Hay que obviar lo que el mundo nos intenta presentar, que es una vida llena de felicidad.

Pero la felicidad también va de eso, de saber llorar.

De expresar.

De escuchar.

De derrumbarse para bien o para mal.

Que de vez en cuando debemos acostar la positividad, dejarla dormir sus ocho horas diarias para que cuando despierte lo haga con total energía y libertad.

Optimismo, alegría, risa… pueden venir después de llorar.

Y sabe genial, sabe auténtico y real.

Así que lloremos, lloremos y expulsemos lágrimas.

O mejor dicho, dejémoslas escapar, ya han estado retenidas bastante tiempo ahí dentro.

Deja que ocupen un espacio más, deja que vean la luna y las estrellas, que vean el campo y el mar.

Que llorar duele, sí, pero más duele no dejarlo salir, no permitirte tener esa oportunidad.

Si no puedes explicarlo con palabras, explícalo con lágrimas, explícalo con tus ojos, tu mirada.

Desde hoy te digo: vale más una lágrima, que mil palabras.

Y no se lo digas a nadie pero la frase está dicha de otro modo, creo recordar.

Llora, entonces, llora mucho.

Llora cuando lo necesites.

Llora cuando consigas ese trabajo que tanto buscabas, llora por ese proyecto que te deja despierto hasta las tantas de la mañana, ese que te ofrece ilusión y pasión a raudales.

Llora por el nacimiento de tu sobrino, por ese examen final aprobado, por esa amistad duradera, por la sorpresa de quién te ha venido a visitar hoy, por ese beso único y especial.

Pero también llora cuando las cosas no vayan tan bien.

Llora cuando no sepas por dónde tirar, llora por aquello que ya no estará.

Lo importante es que te des cuenta que poco a poco tendrás que dejar de llorar por aquello que se perdió.

ronaldo-oliveira-404517

No volverá, pero seguro se quedará en ti de algún modo u otro.

Sécate esas lágrimas y continúa una vez más.

Que la vida va de eso, de recordarte que tendrás que luchar, que tendrás que llorar para después ver la genuina realidad.

Y no porque te lo diga yo, faltaría más.

Llora cuando quieras, donde quieras y con quien quieras.

Dicho de otro modo, llora cuando te salga de las narices.

¡Llora cuándo te dé la gana, joder!

Más claro no puedo ser, de verdad te lo digo.

Porque todos tenemos experiencia en esto.

Cuando nacemos lo hacemos llorando y es algo normal.

¿Por qué cuando crecemos lo tenemos que ocultar?

La risa y el llanto son tan naturales como la nieve y la sal.

¿Te imaginas a un médico recetándote agua y llorar?

Ni tan mal.

Así que que no te engañen, llorar también es felicidad.

Llorar también es de valientes que se la juegan porque así lo sienten.

Llorar es bondad, es amor, es paz.

Llorar también es celebrar, llorar puede significar mucho más.

No tengas prisa por terminar tu llanto, no tengas prisa por querer sonreír si todavía no toca.

Dedícale tiempo a esto de llorar.

Porque llorar es fácil, llorar sabemos todos.

Pero hacerlo de verdad, hacerlo cuando hay que echarle coraje… Eso ya son palabras mayores.

referendum catalunya

Hoy hemos perdido todos

“La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes” – Charles Bukowski.

Ni vencedores ni vencidos, solo odio y mucho dolor, demasiado diría yo.

Hoy hemos perdido todos.

Desde el momento en el que no hay dialogo y solo violencia, hemos perdido.

Algo tan sencillo como hablar, preguntar y escuchar…

Algo tan sencillo como eso se ha obviado.

Y no ahora, desde hace ya unos años.

Quizá se podría haber evitado todo este cúmulo de violencia.

Porque el 1-O no será recordado por el tema del referéndum, será recordado por el día en el que unos locos con porra se pusieron a dar palos a gente con las manos hacia arriba sin causar ningún tipo de problema.

Ninguno.

Así que sí, hoy hemos perdido todos, te pongas como te pongas.

Ni los unos ni los otros, todos.

Yo no entiendo mucho de política, pero lo de hoy no ha tenido ni un poquito de eso.

La política dejó de existir en España hace ya un tiempo.

Con todo lo que ha ocurrido en nuestro país, no podemos estar más separados.

Y tendría que ser al revés, tendríamos que estar unidos… pero no.

Siempre he criticado las ideologías extremistas, son la peor droga creada por el ser humano.

Así estamos, así lo sufrimos.

No puedo comprender una sociedad tan manchada de odio.

No puedo comprender tanta maldad.

Hoy hemos perdido todos, permíteme que insista, como decía aquel.

¿Qué pasaría si mañana no pudieses votar?

¿Ejercer tu derecho a la libertad de expresión?

¿Opinar?

spenser-h-194649

“La vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema” – Woody Allen.

Las cosas se pueden hacer de otra manera.

No hace falta enviar cientos de efectivos a una ciudad para impedir algo tan bonito como la libertad.

No es la solución, para nada.

Es de locos todo lo que se está viendo hoy aquí.

Es de locos apoyar o aplaudir todo esto.

Ya no es independencia sí o independencia no.

El que se quede hoy solo con eso tiene un problema grave, debe hacérselo mirar.

No va de sacar banderitas en los balcones, ni de cantar ciertas canciones en la plaza de Cibeles.

Va de respetar y escuchar.

Va de ponerse en los zapatos del otro, va de poder opinar sin ningún tipo de represión o amenaza física.

Somos personas y como tales podemos no estar de acuerdo con algo o alguien.

Pero de ahí a golpear, a enfrentarse agresivamente… hay un trecho.

Un gran trecho.

Perdón porque este será el artículo más corto que encontrarás en mi blog, pero dicen que una imagen vale más que mil palabras.

En este caso no hay una sola, hay decenas de ellas por las redes sociales.

Imagínate cuantas palabras son eso.

En fin, siento mucha lastima y pena por todo lo que está ocurriendo.

Dan ganas de coger una maleta e irse bien lejos.

No necesariamente tienes que ser catalán para ello.

Yo soy de Madrid y si pudiera ya estaría fuera de aquí.

Pero claro, amo todo esto y lo único que se me ocurre es luchar.

Tener paciencia y seguir creyendo que todo esto se solucionará, que mi país es capaz de avanzar y crecer con total honestidad.

Quizá sea mucho pedir, pero oye, la Navidad está a la vuelta de la esquina.

Saca tus propias conclusiones que yo me voy a llorar.

tu propia suerte

No soy el plan A. Soy todo el abecedario

No busques más excusas, no busques diferentes maneras para no hacer aquello que realmente te gusta.

Y si no te gusta, abandona, encuentra otra cosa.

Porque te acabará pasando factura, y tendrás que empezar a maquinar un plan B.

O un plan C, D, E,…, así hasta terminar el abecedario y volver a empezar.

Pero de repente la suerte está ahí, se presenta sin avisar y te da una sorpresa.

Y vaya sorpresa, ahora puedes seguir alimentando tu pasión, ya tienes motivos para seguir haciendo aquello que tanto te emociona.

Sin embargo la suerte se va, da igual lo que intentes retenerla ya que se acabará marchando.

Es así, tan pronto aparece, tan pronto se va sin ni siquiera despedirse.

¡Con lo que habéis pasado juntos!

Y cuando se va, alguna parte de ti se marcha con ella, empiezas a no creer en nada de lo que haces, en nada de lo que has logrado.

La suerte se va, y la pasión con ella.

La magia.

El fuego que ilumina tu corazón.

Todo desaparece, se convierte en polvo.

Lo único que puedes hacer, tal vez, sea sonreír.

Sí, sonreír.

Y sobre todo tener mucha actitud.

Actitud para ser no el plan A, o el plan B, o la letra que más te pueda gustar.

Tú vas a ser todo el abecedario, todas sus letras.

Cada hora, cada día, cada mes.

Y te vas a empezar a olvidar de la suerte, no confíes demasiado en ella, no te apegues a sus buenas intenciones.

En este juego solo tú puedes mover las piezas.

Tejer la tela de araña no es fácil, pero con empeño y delicadeza obtendrás tu presa.

Tu recompensa.

Volviendo al tema de la sonrisa, créeme que funciona.

Créeme que todos sabemos ser pesimistas, pero muy pocos sabemos sonreír, y cuando las cosas van mal y sonríes le estás plantando cara a la vida.

Estás siendo optimista, estás fortaleciendo tu ilusión, tus ganas de seguir ahí, ofreciendo un baile más.

Sonreír es mostrar actitud, y te recuerdo que con actitud la vida se ve de otro modo, sabe mucho mejor.

Hugh Downs dijo una vez: “una persona feliz no tiene un determinado conjunto de circunstancias, sino un conjunto de actitudes”.

Por otro lado, Wade Boggs afirmó: “una actitud positiva provoca una reacción en cadena de pensamientos, eventos y resultados. Es un catalizador y desata extraordinarios resultados”.

tony-ross-390652

Aquellos que pierden son aquellos que se conforman, son aquellos que se siguen hundiendo en un barco que no presenta ninguna brecha.

¿Ilógico, verdad?

Pues es así.

Los conformistas sobreviven, los inconformistas viven.

-¡Qué mala suerte, me he quedado sin entradas para la película!

-¿Mala suerte? ¿Has probado a estar 20 minutos antes o sacar las entradas de manera online?

-No encuentro aparcamiento, me quedaré aquí esperando hasta que se vaya uno y listo.

-Prueba a dar un par de vueltas más, veo movimiento por esa zona, no seas pesimista.

Al final eso de la suerte lo utilizamos como excusa.

De hecho, lo utilizamos cada dos por tres para autoconvencernos de que no es nuestra culpa, es culpa de la suerte que nos tiene manía.

La vida es eso que pasa mientras buscamos trabajo de ocho a dos y formamos una familia.

Y debería ser aquello que disfrutamos casi las veinticuatro horas del día.

Aquello que nos apasiona y nos llena de emoción.

Cantar, bailar, escribir, actuar…

Y pensarás que todo eso es cuestión de suerte, que los que viven de su pasión es por suerte o por enchufe.

De lo primero no estoy seguro, de lo segundo quizás.

Pero tendríamos que ver todo el esfuerzo y dedicación que le ha puesto esa persona hasta llegar donde se encuentra ahora mismo.

Porque las oportunidades no llegan solas, las oportunidades las creas tú cada día.

No es que te lluevan de la noche a la mañana.

Es que te lo has estado currando, y ha llegado.

Lo has encontrado.

Ese es tu verdadero éxito.

Tienes lo mejor de la vida, y eres tú.

Aprovecha este hermoso regalo, no lo tires, no lo prestes demasiado.

Exprímelo al máximo, que sepa a limón o a chocolate, pero disfruta.

Vive más, confórmate menos.

¿Estás del lado de los inconformistas o de su opuesto?

¿Tienes un plan B o eres el abecedario completo?

Mueve ficha, la partida no durará eternamente.

la vida empuja

Golpea más fuerte

“Podemos tirar piedras, quejarnos sobre ellas, pisarlas o construir con ellas” – William Arthur Ward.

Puede que te lo tomes como una historia más, puede que no.

Puede que solo te entretenga y no veas el fondo de la historia, o viceversa.

Tan solo lee lo que voy a contarte hoy, querido lector.

Una historia corta e inspiradora que te hará sentir, espero, algo ahí dentro.


Le conocí aquel día y mi visión del mundo cambió. Me contó su historia sin pedírselo, repleta de emociones y reflexiones. Él era un conocido escritor que llevaba una vida normal, con su esposa y su hija.

Llevaba muchos años dedicándose a escribir y consiguió buenas ventas con sus libros. Como si la vida le sonriese, le apoyase, le mimase y le cuidase. Un día decidió tomarse una copa en el bar que hacía esquina con su librería favorita.

El ambiente no era muy acogedor, pero era lo que necesitaba en aquel momento. Su hija enfermó y los médicos no esperaban que fuese a recuperarse pronto. Bajó cada día de cada semana al bar, a tomarse una o varias copas.

Llegaba a casa borracho y su mujer no estaba muy contenta con aquella situación. Finalmente su hija se recuperó, pero él no.

Apenas escribía y lo que hacía, lo rompía a los pocos días. Pasaron varios meses y rompió el contrato con su Editorial, puesto que tenía que presentar unos cuantos borradores y no tenían noticias de él.

A los pocos días de romper ese contrato, se enteró que una de sus anteriores parejas murió. Era una chica con la que mantenía buena relación a pesar de todo.

Se querían y su amistad era muy honesta. El día del entierro llegó borracho y tuvieron que sacarlo de allí.

Su vida cambió tanto… Decidió ponerle remedio y poco a poco dejó de frecuentar aquel bar. Comenzó a dejar la bebida a un lado, a cuidar más a su familia y retomar la escritura.

Sin embargo, su hija volvió a enfermar y tuvo que dejarlo. En los días posteriores él se quedaba en casa fumando y leyendo.

Solo deseaba que su hija estuviese bien de nuevo, sonriente, alegre como siempre. No iba a ser así, su hija quedó en coma. También se separó de su mujer y apenas le quedaba nada más que él.

patrick-fore-381196

«¿Sabes? -me dijo- Lo normal sería haberme quitado la vida o algo así, ya me entiendes. Nada de eso, di con la clave y empecé a tocar el piano. De pequeño lo hacía y lo fui dejando con la llegada del Instituto y las chicas.»

Así, aquel escritor al que la vida golpeó en exceso, contraatacó de la mejor forma posible. Halló su refugio en el piano, en la música que componía a través de sus escritos, de sus emociones, de sus reflexiones y opiniones.

En ocasiones tocaba con rabia, otras más calmado. Pero decidió golpear más fuerte de lo que le habían golpeado. Decidió coger al toro por los cuernos y seguir adelante, sin temores ni miedos.

A los pocos meses volvió a escribir de forma más seria y publicó un nuevo libro. También tocaba el piano en algunos eventos y conoció a la que es su pareja actual. Su hija salió del coma medio año después.

A veces piensa en una vida donde hubiese elegido la rendición. Donde hubiese retomado su adicción por la bebida y los malos sitios. A veces lo piensa sí, pero luego abre los ojos y mira todo lo que está consiguiendo, lo que ha conseguido…

Porque tal vez se trate de eso, de quitar las espinas de la rosa en vez de seguir pinchándose. De quitarlas para no odiar la belleza que esconde esa rosa detrás de su rechazo.

Ya lo decía ese hombrecillo tan querido, “es una locura odiar a todas las rosas sólo porque una te pinchó. Renunciar a todos tus sueños sólo porque uno de ellos no se cumplió”.

Porque la vida empuja, sí. Empuja demasiado fuerte diría yo. Pero podemos quedarnos quietos, dejando que nos hunda en lo más profundo, o podemos aguantar y después empujar, y empujar, y empujar.

Llegará un momento que no hará falta seguir, porque sin darte cuenta estarás donde te mereces estar.